miércoles, 22 de octubre de 2008

El encuentro


Ella sube las escaleras de madera despacio, casi deteniéndose a cada paso tratando de disfrutar de ese momento y de la emoción que le produce estar en ese lugar. Ha hecho un alto en su camino para encontrarse con él y ahora le invaden las dudas.

No hace falta llamar a la puerta, él la espera en el dintel dándole la bienvenida con una sonrisa.

-Entra.- le dice. Y cierra la puerta tras ellos. Las dudas de ella se disipan.

Él la conduce de la mano hasta su dormitorio y ella se deja llevar hasta ese santuario que tantas veces ha construido su imaginación, sin oposición, con la convicción y el deseo pintado en sus ojos. Ella, que siempre ha necesitado tener un guión con los pasos a dar marcados de antemano, ha llegado sola hasta allí después de un largo viaje interior. Durante días imaginó todo el camino que tendría que recorrer y todos los detalles de ese encuentro hasta ese justo momento de entrar en su dormitorio. A partir de ese momento no tiene guión, ni palabras escritas. A partir de ese momento empieza la improvisación. Y no se siente perdida por ello porque a partir de ese momento ella tiene muy claro lo que quiere.

Instantes después intercambian algunas palabras que ella ya ha olvidado porque el recuerdo de lo que estaba por llegar es mucho más poderoso.

Se besan. Un beso dulce, suave. Es el primer beso. Al primero le sigue un segundo y después un tercero y un segundo después se encuentran los dos abrazados sobre la cama y unidos por la boca. Se despojan de la ropa para conocerse los cuerpos pues las almas hace tiempo que ya se desnudaron a cada palabra, a cada carta que intercambiaron cada día.

Se observan los cuerpos amparados por una luz tenue con destellos malva y azules proyectados sobre el techo. Se miden las curvas, se huelen la piel y se exploran los sexos para acabar de entender el misterio que esconden.

Él besa sus pechos y comenta algo acerca de sus lunares. Ella disfruta jugando con los pezones de él en su boca. Le encanta esta parte de su anatomía. Se besan, enredan sus lenguas y se abrazan esta vez con todo el cuerpo hasta que sus sexos se encuentran en ese abrazo.

Ella le mira a los ojos y él lee en ellos la invitación para entrar en el cuerpo de ella, mientras lo hace no dejan de mirarse. No han dejado de hacerlo un instante. Suena una música de fondo que sirve de acompañamiento a los sonidos que llenan la habitación. Son los sonidos de sus cuerpos en ese abrazo tan íntimo que los une; los suspiros de ella, la respiración de él.

Él está dentro y ella siente su tamaño y su fuerza. Su deseo y el de ella se entremezclan mientras sigue sonando esa música que es el eco del mundo exterior. Un mundo que existe en una dimensión distinta al mundo que está encerrado en esas paredes que esconden los secretos de esos dos cuerpos abrazados que sudan y jadean. El mundo contenido en esas paredes es un mundo conjurado por ellos y para ellos donde pueden gozar de ese abrazo íntimo, de ese baile frenético, alejados de miradas indiscretas. Las paredes de ese mundo se llenan con los vapores de sus cuerpos que siguen moviéndose sin descanso hasta caer exhaustos y saciados.

Él le regala su esencia que derrama sobre el cuerpo de ella y ella recibe el regalo con gratitud. Se abrazan sin dejar de mirarse a los ojos tratando de acompasar sus respiraciones y sus latidos. Al sonido de la música se le unen los sonidos cotidianos a través de la ventana entreabierta. Ellos continúan abrazados como si temieran romper el hechizo que todavía les envuelve. Ella mira al techo y él quiere saber en qué piensa. Ella mira al techo mientras contempla cómo se proyecta la luz con destellos malva y azules sobre las vigas de madera. Son siete, exactamente siete vigas. Lo sabe porque las ha contado para no tener que pensar en nada justo en el momento en que él le preguntaba. Ella no quiere tener que pensar en lo que vendrá después de ese instante. Ha llegado hasta allí y no sabe que vendrá después. Ella no quiere pensar y por eso habla. Le cuenta anécdotas de su pasado, de su juventud y él le abraza. Se refugia en ese abrazo. Se miran de nuevo a los ojos y él desea sumergirse en los profundos océanos de ella y ella espera que él bucee en ellos. Se besan y de nuevo el deseo inflama sus corazones. Es infinitamente mejor que tener que pensar en lo que pasará mañana y al otro y al otro...


6 comentarios:

HArendt dijo...

Hermoso relato, y lleno de sensualidad... Me encanta el final, ese vivir el momento de felicidad, y mañana... ya se verá. Felicidades de nuevo.

Dolita dijo...

harendt: me hallo en el ahora, sorprendiéndome de cada instante que la vida me regala. He vuelto a contar las vigas de madera, son siete, exactamente igual que aquella vez, pero en este instante, el ahora y el después se abrazan y caminan de la mano. A partir de hoy ya no tengo necesidad de seguir contándolas...

Trigo dijo...

"Cuando quieres alguna cosa, todo el Universo conspira para que la consigas" Recuerdas?.

mArTa dijo...

Sí, es cierto.... a veces lo olvidamos y está bien que alguien nos lo recuerde

Trigo dijo...

Sobre todo, alguien que después de mucho tiempo, te vuelve a devolver la frase que le dedicaste en el mejor libro que nunca jamas fue leído.Dos vidas que se separaron en el pasado y que vuelven a encontrarse en la ciudad donde nadie se siente extraño.

mArTa dijo...

Cierto, casi una vida me separa de aqulla que fui y que no está tan lejos de mi. Qué grato encontrarte de nuevo aunque esta pluma ya no sea verde. ¿Qué te ha traído hasta aquí?